sábado, 31 de julio de 2010

Las Guerras de independencia: Enfrentamiento entre criollos. Silvia Espinoza de los Monteros. Martes 27/jul/2010. El Financiero. México D.F.


Las guerras de independencia: enfrentamientos entre criollos
Silvina Espinosa de los Monteros
Martes, 27 de julio de 2010 / El Financiero / México, D.F.


Tomás Pérez Vejo desmitifica la historiografía nacionalista.

Elegía criolla, de Tomás Pérez Vejo, constituye el décimo volumen de la colección "Centenarios", editada por Tusquets. Un libro desmiti- ficador en el que se explica por qué las luchas independentistas de Latinoamérica no fueron más que guerras civiles y, por tanto, las naciones han sido producto de una construcción imaginaria para legitimar el poder.
En este 2010, año en el que se conmemora el bicentenario de las guerras de independencia en América Latina, el historiador de origen español Tomás Pérez Vejo publica un análisis puntual y demoledor, en el que se pone en jaque el concepto de nación, a partir de la reinterpretación de las historias nacionales del continente americano.
Hasta la década de los años ochenta del siglo XX, la teoría política y los historiadores trabajaban sobre el supuesto de que las naciones eran una realidad objetiva, cuyo origen se perdía en la noche de los tiempos. De ahí que había numerosos especialistas tratando de identificar la esencia de la mexicanidad. Sin embargo, a partir de ese momento diversos autores plantean dos tesis que produjeron una auténtica revolución historiográfica: que las naciones eran construcciones imaginarias y que dichas invenciones eran un fenómeno absolutamente moderno. Lo que daba pauta para preguntar: ¿y, entonces, qué sucedió en América Latina? Un cuestionamiento que el autor intenta responder con este libro.
-Las conclusiones -señala Pérez Vejo- pueden sonar muy provocadoras, pero no lo son. Lo que muestran es que en América Latina pasó lo mismo que en el resto del mundo: que las independencias americanas no fueron guerras de independencia sino guerras civiles y que las naciones no fueron su causa sino consecuencia del proceso de desarrollo.
-La historia de las guerras de independencia ha dado lugar a una serie de mitos, ¿cuáles son los más importantes según su criterio?
-Yo creo que hay dos mitos básicos: que estas guerras fueron guerras de liberación nacional, guerras entre naciones, que dan por supuesto que en 1810 existía México, existía Colombia, Perú, Chile... Y no: en 1810 lo que existía era un sistema monárquico que era universalmente aceptado de un lado y otro del Atlántico. Nadie ponía en cuestionamiento el derecho de Fernando VII a gobernar por herencia divina. Respecto a esto, los contemporáneos tenían claro que no era así, de ahí que se inventara otro gran mito: en realidad no era que se enfrentaran mexicanos contra españoles, sino se enfrentaron criollos contra peninsulares. Había una especie de protonacionalismo, que era el patriotismo criollo, al que se alude con el título del libro. Las guerras de independencia fueron fundamentalmente enfrentamientos entre criollos: criollos realistas y criollos insurgentes. Digamos que ésos son los dos grandes mitos que el libro intenta desmontar.
-Dice que en el marco interpretativo general para analizar las guerras de independencia hay que sustituir la legitimidad de tipo tradicional por otra de tipo moderno: el poder como emanación de la voluntad de la nación a través de un sistema representativo.
-A lo que asistimos entre 1810 y 1820, aunque eso se prolonga durante buena parte del siglo XIX, es al nacimiento de la modernidad. Y una de las cosas clave que ocurre es que se pasa de una legitimación en nombre del monarca a una legitimidad en nombre de la nación. Eso que a nosotros ahora nos parece muy fácil fue un proceso muy complicado; tanto, que todo el mundo seguía aferrado a las viejas formas. Un ejemplo muy claro es lo que decían los panfletos de los insurgentes respecto a los realistas: "Ustedes son unos traidores del rey Fernando VII, en realidad lo que quieren es entregar el reino a los franceses". ¿Y qué es lo que dicen los panfletos realistas de los insurgentes? Exactamente lo mismo. Es decir, en realidad todos estaban preocupados pensando en qué iba a pasar con Fernando VII. Ahí las cosas cambian muy rápido. Eso es cierto en 1808, en 1810, pero no en 1812, porque la Constitución de Cádiz no se hace en nombre de un rey sino en
nombre de la nación, y eso sí es un asunto absolutamente revolucionario. De vuelta al caso americano, a partir de esto se inicia un proceso distinto: ¿qué es lo que ocurre en 1810 en Dolores o en 1809 en Quito, o en 1810 en Argentina? Todo el mundo acepta la legitimidad de Fernando VII; sin embargo, a partir de 1812 las declaraciones de las juntas ya comienzan a hablar primero de pueblos, aunque aún no son pueblos sino cabildos, y después muy rápidamente se pasa de pueblos a hablar de naciones. Lo que constituye un estadio nuevo y revolucionario.
-Hoy en día, ¿cuál es el concepto de nación?
-La idea lo que es una nación no ha variado, pero aún no hay quien haya podido definir exactamente qué es. En principio, tenemos esa idea romántica de que las naciones son un grupo humano caracterizado por una herencia común: la misma lengua, raza, religión. Pero partiendo de esto, uno puede ir a Chiapas con los tzotziles y decir que son una nación, ya que tienen una raza y lengua diferenciadas. Por otro lado, está un caso como Estados Unidos: ellos no cumplen ninguno de estos requisitos; no hay una raza norteamericana y su idioma lo comparten con el resto de los hablantes ingleses del mundo; pero no hay la menor duda de que tienen el fuerte concepto de ser una nación.
-Entonces, el concepto de nación es una falacia...
-Claro, lo que pasa es que ahí no debemos cometer un error: el que algo sea imaginario no quiere decir que no tenga eficiencia social.
-Sí, pero entonces lo que verdaderamente subyace detrás de estas construcciones imaginarias es la legitimación del poder...
-Ésa es la única forma que tenemos de legitimar el poder en estos momentos. Hoy en día lo único que en México se legitima a alguien a gobernar es que lo hace en nombre de la nación mexicana. De ahí que el Estado necesite una historia oficial que demuestre que México existe como nación. Y no sólo México... Argentina, España o China; es decir, todos ellos han construido historias nacionales que demuestran la existencia de naciones intemporales.
NADIE SABE
(SEdlM)
Martes, 27 de julio de 2010
Qué celebrar.
Aun cuando es doctor en geografía e historia por la Universidad Complutense de Madrid, Tomás Pérez Vejo (Caloca, Cantabria) se considera un historiador mexicano. Actualmente trabaja como profesor-investigador en la Escuela Nacional de Antropología e Historia y sostiene la hipótesis de que, hablando de fenómenos de nacionalismo, por simple perspectiva es mejor que el tema sea estudiado por aquellos que no pertenecen a ese país: "Cuando discutimos entre historiadores que la nación es una invención, todo el mundo está dispuesto a aceptar que las naciones de los otros son imaginarias, pero no la de uno".
-Al hablar de nacionalismos, ¿cómo se inserta esto a los festejos que se están organizando por el bicentenario de las independencias en América Latina?
-Es muy interesante comparar qué pasó en el primer centenario de las independencias con el bicentenario de las mismas. El primer centenario corresponde en el conjunto del mundo occidental, al menos, a un momento álgido de la nación y el nacionalismo, en el cual todo el mundo tenía claro lo que era una nación y el nacionalismo se veía como algo positivo. ¿Y qué es lo que ocurre hoy? Que el asunto no es tan claro, las naciones son menos nítidas de lo que pudiese parecer. Pongo un ejemplo paradigmático: en 1910 nadie tiene problema en hacerle una estatua a [Francisco Xavier] Mina como héroe de la Independencia; pero hoy, lo cuento en el libro, vemos que Mina no vino a México a luchar por la Independencia de México sino a luchar contra Fernando VII, que no es lo mismo. Entonces eso es lo que se llama un héroe por horror... digo, por error. El conflicto de todo esto es que ahora nadie sabe muy bien qué celebrar.
-Pero además de que no se tiene claro el concepto de nación, este bicentenario se da en un contexto de crisis polí- tica, económica, social...
-Volviendo a hablar de asuntos imaginarios, hay que decir que cuando las naciones americanas celebran el centenario están convencidas de que ellas son las ganadoras de la historia. ¿Qué ha pasado en este segundo centenario? Que el victimismo se ha convertido en una especie de estela que ha recorrido todos estos países y en el cual la idea es: "Nosotros no somos los ganadores de la historia sino los pobres, los derrotados". Lo que impera es ese discurso victimista, que es por demás interesante. En realidad eso de que América Latina es un fracaso no deja de ser algo construido en gran parte por los intelectuales. Es un discurso falso, pues es un fracaso depende de con quién se le compare.

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